LA VOZ DE GOICOECHEA (Por David Salces).- Office lleva años evolucionando en funciones, ampliando capacidades de colaboración, integrando inteligencia artificial y adaptándose a los nuevos flujos de trabajo en la nube, pero esa evolución no ha venido sin costes. A menudo, esas nuevas capas de funcionalidad han tenido un impacto directo en la agilidad de uso, especialmente en algo tan básico como abrir una aplicación. Word, Excel o PowerPoint tardan más en arrancar que hace una década, incluso en equipos modernos, y esa pequeña espera puede volverse una fricción molesta en la rutina diaria, especialmente para aquellos usuarios que hacen un uso intensivo de las mismas.
Consciente de ello, Microsoft está introduciendo una nueva función llamada Startup Boost, pensada para acelerar el arranque de las aplicaciones de Office, empezando por Word a partir de mayo de 2025. El concepto es sencillo pero efectivo: en lugar de lanzar la aplicación completa cada vez que el usuario la abre, el sistema mantiene Word en segundo plano, en una especie de “modo reposo”, listo para activarse casi instantáneamente. Esta precarga se gestiona a través de una tarea programada que se ejecuta en segundo plano al iniciar el sistema operativo.
Este tipo de enfoque no es nuevo en el mundo del software. De hecho, Microsoft ya utiliza tareas programadas en Windows para acelerar otros procesos internos. Con Startup Boost, lo aplica por primera vez a Office, emulando lo que ya hacen navegadores como Edge o incluso algunos fabricantes OEM con sus herramientas de sistema. La diferencia es que aquí se ha diseñado para ser lo menos intrusivo posible: si el sistema necesita liberar memoria, Word se descarga automáticamente, y si el usuario quiere desactivar esta función, puede hacerlo desde la configuración de la aplicación.

Eso sí, no todos los equipos serán compatibles con esta mejora. Microsoft ha establecido unos requisitos mínimos: al menos 8 GB de RAM y 5 GB de espacio disponible en disco. Además, la función se desactiva automáticamente en modo de ahorro de energía, para no comprometer la autonomía en dispositivos portátiles. Y hay un detalle técnico a tener en cuenta: aunque se puede eliminar la tarea manualmente, el instalador de Office la volverá a crear tras una actualización, lo que podría incomodar a usuarios que prefieren tener el control total sobre sus procesos de sistema.
La iniciativa encaja dentro de una estrategia más amplia por parte de Microsoft: mejorar la percepción de rendimiento sin necesidad de rehacer el núcleo de sus aplicaciones. La velocidad “percibida” se ha convertido en una métrica casi tan relevante como la velocidad real. Abrir Word en un segundo en lugar de cuatro no cambia las funciones del programa, pero sí influye en cómo el usuario siente el producto. Y en un mercado donde la competencia con aplicaciones más ligeras —incluso basadas en web— es cada vez más intensa, estos detalles cuentan.
Personalmente, me parece un paso sensato. A veces no se trata de reinventar la rueda, sino de eliminar pequeños obstáculos que, repetidos a diario, terminan acumulando cansancio. Si Word arranca antes de que el usuario termine de pensar lo que iba a escribir, probablemente no lo note. Pero si cada apertura implica una pausa, por breve que sea, se convierte en una distracción innecesaria. Y en productividad, la fluidez cuenta tanto como la potencia.
Consciente de ello, Microsoft está introduciendo una nueva función llamada Startup Boost, pensada para acelerar el arranque de las aplicaciones de Office, empezando por Word a partir de mayo de 2025. El concepto es sencillo pero efectivo: en lugar de lanzar la aplicación completa cada vez que el usuario la abre, el sistema mantiene Word en segundo plano, en una especie de “modo reposo”, listo para activarse casi instantáneamente. Esta precarga se gestiona a través de una tarea programada que se ejecuta en segundo plano al iniciar el sistema operativo.
Este tipo de enfoque no es nuevo en el mundo del software. De hecho, Microsoft ya utiliza tareas programadas en Windows para acelerar otros procesos internos. Con Startup Boost, lo aplica por primera vez a Office, emulando lo que ya hacen navegadores como Edge o incluso algunos fabricantes OEM con sus herramientas de sistema. La diferencia es que aquí se ha diseñado para ser lo menos intrusivo posible: si el sistema necesita liberar memoria, Word se descarga automáticamente, y si el usuario quiere desactivar esta función, puede hacerlo desde la configuración de la aplicación.

Eso sí, no todos los equipos serán compatibles con esta mejora. Microsoft ha establecido unos requisitos mínimos: al menos 8 GB de RAM y 5 GB de espacio disponible en disco. Además, la función se desactiva automáticamente en modo de ahorro de energía, para no comprometer la autonomía en dispositivos portátiles. Y hay un detalle técnico a tener en cuenta: aunque se puede eliminar la tarea manualmente, el instalador de Office la volverá a crear tras una actualización, lo que podría incomodar a usuarios que prefieren tener el control total sobre sus procesos de sistema.
La iniciativa encaja dentro de una estrategia más amplia por parte de Microsoft: mejorar la percepción de rendimiento sin necesidad de rehacer el núcleo de sus aplicaciones. La velocidad “percibida” se ha convertido en una métrica casi tan relevante como la velocidad real. Abrir Word en un segundo en lugar de cuatro no cambia las funciones del programa, pero sí influye en cómo el usuario siente el producto. Y en un mercado donde la competencia con aplicaciones más ligeras —incluso basadas en web— es cada vez más intensa, estos detalles cuentan.
Personalmente, me parece un paso sensato. A veces no se trata de reinventar la rueda, sino de eliminar pequeños obstáculos que, repetidos a diario, terminan acumulando cansancio. Si Word arranca antes de que el usuario termine de pensar lo que iba a escribir, probablemente no lo note. Pero si cada apertura implica una pausa, por breve que sea, se convierte en una distracción innecesaria. Y en productividad, la fluidez cuenta tanto como la potencia.
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