LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Juan Ramón Diaz, periodista).- El romance político entre Donald Trump y Elon Musk parece haber llegado a su fin. Según diversas fuentes, el CEO de Tesla y SpaceX dejará en las próximas semanas su puesto como asesor del Gobierno y responsable del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). Aunque Trump ha manifestado su satisfacción con el trabajo de Musk, la decisión parece haber sido tomada en conjunto, priorizando el retorno del magnate a sus negocios.
Esta
separación no sorprende del todo. Desde el principio, la relación entre ambos
ha sido más pragmática que ideológica. Musk, un empresario de visión globalista
y un ferviente defensor de la innovación tecnológica, nunca ha encajado del
todo con el enfoque nacionalista y conservador del expresidente. Su
nombramiento como asesor generó críticas desde sectores del partido
republicano, que veían con recelo su independencia y su postura impredecible en
asuntos clave.
Más
allá de los formalismos, lo cierto es que Musk se había convertido en un
“lastre político” para Trump. Su carácter impulsivo, sus declaraciones en redes
sociales y sus posturas en temas como la inteligencia artificial o la
transición energética lo distanciaban de la línea dura republicana. En un año
electoral, la administración de Trump no puede permitirse distracciones o
figuras que generen divisiones dentro de su base de votantes.
Por
otro lado, la salida de Musk también le brinda la oportunidad de enfocarse
plenamente en sus proyectos empresariales, que no han estado exentos de
desafíos. Tesla enfrenta una competencia feroz en el sector automotriz,
mientras que SpaceX sigue lidiando con retos regulatorios y tecnológicos en su
ambicioso plan de colonización de Marte. Sin las ataduras de un cargo
gubernamental, Musk puede recuperar su libertad de acción y evitar verse
envuelto en polémicas políticas que afecten sus negocios.
Este
episodio refleja una constante en la política de Trump: la instrumentalización
de figuras públicas para reforzar su imagen, hasta que dejan de serle útiles.
Musk no es el primer aliado que cae en desgracia en su órbita, ni será el
último. Sin embargo, su caso es particular porque, a diferencia de otros
colaboradores, no necesita del respaldo político para seguir siendo influyente.
El desenlace de esta relación plantea preguntas sobre el futuro de Musk en el escenario político. ¿Buscará mantener su activismo desde el sector privado o se alejará por completo de la política? ¿Intentará acercarse a otras figuras republicanas o demócratas con una visión más alineada a la suya? Lo único claro es que, en la intersección entre poder político y empresarial, los intereses siempre terminan pesando más que las lealtades personales.
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